Valledupar, 17 de mayo de 2026. Cuando los visitantes lleguen a Valledupar para los II Juegos Parasuramericanos 2026 descubrirán rápidamente una particularidad de la ciudad: En la capital Mundial del Vallenato, las direcciones no siempre se explican con calles y carreras. Muchas veces para orientar al visitante o así mismos, los locales, suelen utilizar como referencia a las glorietas, espacios que además de organizar el tránsito cuentan parte de la historia, la cultura y las tradiciones de la capital mundial del vallenato.
Para quienes llegan desde otros países de América y el resto del mundo, estos puntos circulares pueden llamarse rotondas, redomas, óvalos o rotatórias. En Valledupar también son conocidas popularmente como “rompoy”, una palabra que forma parte del lenguaje cotidiano de los vallenatos.
Pero más allá de servir para ubicarse, las glorietas se han convertido en auténticos monumentos urbanos que rinden homenaje a personajes, expresiones culturales y símbolos que han marcado la identidad de la región.






Una de las más representativas es la Glorieta La Pilonera Mayor, dedicada a Consuelo Araujo Noguera, una de las gestoras del Festival de la Leyenda Vallenata. Muy cerca se encuentra la Glorieta de Los Juglares, ubicada en el parque La Provincia, cerca del escenario que cada año reúne a miles de amantes del género musical, Vallenato.
Otra parada obligada es la Glorieta llamada Mi Pedazo de Acordeón, monumento que rinde homenaje al legendario Alejo Durán, primer Rey del Festival Vallenato. Su ubicación cercana al Museo del Acordeón la convierte en un punto ideal para quienes desean conocer la historia de la música que identifica a la región.
La conexión entre Valledupar y sus raíces ancestrales también está presente en la Glorieta Los Poporos, ubicada muy cerca a dos escenarios de los Juegos, se convierte en alegoría a los elementos tradicionales utilizados por los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.
La ciudad también rinde homenaje a su biodiversidad en la Glorieta La María Mulata, obra donada por el maestro Enrique Grau para conmemorar los 450 años de Valledupar. También sobre la principal arteria vial de la ciudad, la Avenida Simón Bolívar, se encuentra una rotonda que evoca un pasatiempo común en ciertos pueblos del Caribe colombiano, expresada en la Glorieta Los Gallos.
Un poco más al sur de la ciudad, el folclor vallenato vuelve a ser protagonista en la Glorieta Los Músicos, mientras que, en la avenida Salguero se aprecia la redoma de Hernando Santana, obra que causó polémica en los vallenatos, por cuanto recuerda al conquistador imperial que siglos atrás fundó la ciudad. Esta glorieta organiza el camino hacia el Centro Histórico, donde se conservan algunos de los espacios más emblemáticos de Valledupar y también conecta con una de las salidas de la ciudad por el sur.
Por su parte, la Glorieta La Chichamaya (Yonna) destaca la riqueza cultural de los pueblos indígenas del departamento de La Guajira, (norte de Colombia, frontera con Venezuela), especialmente del pueblo Wayuu, mientras que la Glorieta del Cacique Upar, cercana a la terminal de transporte terrestre de la ciudad, honra al líder indígena Ette Ennaka (Chimila) que dio origen al nombre de la ciudad y constituye uno de los sitios más fotografiados por visitantes y turistas que llegan a Valledupar.
Durante los Juegos Parasuramericanos Valledupar 2026, estas glorietas serán mucho más que referencias geográficas. Serán puertas de entrada a la historia de una ciudad que se prepara para recibir a América con música, cultura y la hospitalidad característica de la región Caribe colombiana. Porque en Valledupar cada glorieta orienta el camino, pero también cuenta una historia.
Por Roberto Carlos Fuentes.-
Prensa JPV2026.

