Valledupar, 21 de mayo de 2026. Si existe una historia capaz de resumir el espíritu de los ciudadanos de Valledupar, esa es la de Francisco el Hombre. Su nombre está presente en canciones, monumentos, relatos populares y en el imaginario colectivo de una región donde la música es mucho más que entretenimiento: es identidad, memoria y tradición.
Quienes visiten la sede de los Juegos Parasuramericanos 2026 descubrirán rápidamente que la ciudad no solo respira acordeones. También conserva leyendas que han pasado de generación en generación y que ayudan a explicar por qué esta tierra es considerada la cuna de uno de los géneros musicales más representativos de América Latina.
La historia tiene como protagonista a Francisco Moscote Guerra, un personaje real que vivió entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Campesino y juglar, recorría los caminos de la antigua provincia llevando noticias, historias y canciones a pueblos que permanecían aislados por largas distancias y difíciles rutas de comunicación.
En aquella época no existían carreteras, radio ni medios de información como los que conocemos hoy. Los juglares, personaje popular entre la sociedad, encargados de narrar los acontecimientos de la región a través de la música, convirtiéndose en verdaderos cronistas de su tiempo por medio del folclor.


Un duelo dio origen a la Leyenda
La tradición oral cuenta que una madrugada, mientras regresaba de parranda por los caminos de la provincia en algún lugar del mágico Caribe colombiano, cerca de Valledupar, Francisco escuchó a lo lejos el sonido de otro acordeón que respondía cada una de sus melodías. Intrigado por la destreza del desconocido músico, decidió enfrentarlo en un duelo musical. Paseos, merengues y puyas se sucedieron en una competencia que parecía no tener fin. Sin embargo, el rival ejecutaba cada pieza con una perfección sobrenatural.
Cuando la luna iluminó finalmente el camino, Francisco descubrió que no estaba compitiendo contra un hombre común. Según la leyenda, su adversario era el mismísimo diablo.
Lejos de rendirse, el juglar reunió todo el talento y su fe. Cuenta la leyenda que, mientras hacía sonar su acordeón, comenzó a cantar el Credo. La fuerza de la música y de sus creencias terminó derrotando a la oscuridad, obligando al demonio a desaparecer entre las sombras de la noche.
Desde entonces, la historia convirtió a Francisco Moscote en una figura legendaria y al acordeón en un símbolo de resistencia cultural para toda la región.
Personaje mítico que encarna la cultura de Valledupar
Más allá de la fantasía popular, Francisco el Hombre representa la esencia del juglar vallenato: aquel músico que recorría caminos llevando noticias, contando historias y preservando la memoria colectiva de los pueblos.
Su legado sigue presente en la capital del Cesar. La principal tarima del Festival de la Leyenda Vallenata lleva su nombre y cada año recibe a los acordeoneros que buscan convertirse en Rey Vallenato, el máximo reconocimiento para los intérpretes de este género musical.
Para quienes llegan a la capital del Cesar, conocer la historia de Francisco el Hombre es acercarse al origen de una tradición que hoy forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad reconocido por la Unesco.
Durante los II Juegos Parasuramericanos Valledupar 2026, visitantes, atletas y delegaciones podrán recorrer los lugares donde esta leyenda sigue viva, desde la Plaza Alfonso López hasta el Parque de la Leyenda Vallenata y el Centro Cultural de la Música Vallenata, uno de los escenarios de los Juegos, en el que se decidirán las medallas y los títulos parasuramericanos de boccia y Para tenis de mesa.
Porque en Valledupar la música no solo se escucha. También se cuenta a través de historias que han sobrevivido al paso del tiempo. Y ninguna de ellas es tan fascinante como la de aquel juglar que, según la tradición, derrotó al diablo armado únicamente con un acordeón y su gran talento, ese que identifica a quienes hacen del género musical el tipo de vallenato que es aplaudido y coreado en el mundo.
Por Lauren Mellado.
Prensa JPV 2026.

